9 de febrero de 2014

PROBLEMA DE ARITMETICA


Un hombre saca a pasear un perro y dos problemas. Piensa que les vendrá bien tomar un poco el aire, sobre todo a los problemas. Recorren un largo trecho por la ribera del río Angosto, hasta que el hombre compra un perrito caliente en un puesto ambulante, se sienta en un banco de la alameda y observa a unos piragüistas deslizarse por el agua mansa. El perro se ha sentado frente al banco y mira fijamente el bocadillo atrapado en la mano del hombre. El hombre cavila distraído. Sus dos problemas le ocupan demasiado. Sentado se encorva con los brazos sobre las piernas. Sostiene el bocadillo en el aire por delante de las rodillas. Se da cuenta de la situación y apoya su espalda en el respaldo, alejando la mano que sostiene el perrito del perrito. El chucho le enseña un colmillo y el hombre, que sabe manejarse en el lenguaje de la calle, saca también un canino y emite un gruñido ensayado. Por un momento los dos problemas han quedado de lado. El perro cambia de estrategia. Frunce el hocico y ladea la cara. Sabe de sobra que no conseguirá ni una miguita. Pasan otros dos piragüistas. El hombre levanta la vista para observarlos y zas. El perrito cruza el parque en ráfaga de viento y se pierde entre pinos y adelfas. El hombre se levanta y recorre el parque de lado a lado silbando un acorde de dos notas sostenidas. El perro no aparece. Al cabo de una hora, el hombre regresa a casa con dos problemas y medio. Es el perro de su amante. El hombre considera la pérdida medio problema y medio alivio. Será una excusa para terminar. Los dos problemas siguen ahí, agazapados. Al meter la llave en la cerradura piensa en escribir una nota para su amante. Para quién sea. Cuelga el abrigo en el perchero. Se sienta en el escritorio. Afila un lápiz y escribe. Un hombre saca a pasear un perro y dos problemas. Piensa que les vendrá bien tomar un poco el aire, sobre todo a los problemas.