1 de agosto de 2013

PUNTA CANDOR EN LOS HIJOS DEL VIENTO

Daniel y Silvia hechizados, otean,
el porvenir de un mar incierto,
desde un balcón de madera y salitre,
sobre un runor de piedras lamiendo espumas.
Desconocen qué fronteras inéditas,
qué territorios atávicos, qué vientos favorables,
qué elegías y cantos, convendrán en su travesía.
Aún no adivinan las agujas del tiempo
en la cola de los alacranes.
Bonanza de almadraba, limbo,
donde cazan ojos de peces, escamas y nácares.
Sus sueños porosos, encadenados
a las rocas y al fruto del tiempo,
murmuran en la caracola que la marea escupe.
Cadencia de una música que destilan las olas
y el palpitar de sus corazones,
granadas maduras de sol y sal
tendidas a la orilla salvaje.
Así gobierna el mar el alma de todos los niños.
Sus iris son espejos de latitudes sembradas de hondura.
La sonrisa de los delfines delata su inocencia.
Desconocen que sus castillos, arruinados
por lenguas de agua espumante,
son arena y polvo de Troya y Alejandría,
pero en cierta manera, saben,
que antes de nacer, eran en la bruma
y que sucumbirán un claro día,

en el llano azul de la calma.



Pedro Porres Oliva. Publicado en "Anónimos 2.0" para Cosmopoética 2012