26 de enero de 2015

FINALES DE ENERO



Enero es así. Con días como éste da gloria. Está todo tan limpio, tan lavado el aire, tan recién  vestidas tierras y sierras, todo estrenándose. La tierra estrenándose. No hay apenas planta de hombre, huella de animal; sólo, aquí y allá, aparece el aire turbado por la candela de algún talador o aceitunería. Ni apenas pájaros. Alguna avefría silenciosa, alguna primilla a lo suyo, dos lentos grajos. Todo se está quieto. Los caminos perdidos con las lluvias últimas y el agua derramándose sin uso y sin tasa, por zanjas y regueras, hace más solo el campo con su rumor. Bella, mineral y fría. Contra el verde tierno del vallado, contra el verde duro y eterno de los olivos, los árboles que perdieron las hojas, hacen como un humo vagoroso. Y donde hay un almendro, hay un poquito de luz que es un temblor. ¿Un temblor? ¿Una música? El aire está delicado alrededor del almendro. Dentro de unos días, cuando menos se espere, temblará. Ahora abriga la sierra unos colores increíbles, hondos, morados, verdes, un vaho de ternura que la ciñe. Ya estarán a punto los primeros lirios entre las grietas de roca con tierra mullida, los primeros narcisos silvestres con su enorme olor.


                                                   (de Las cosas del campo, José Antonio Muñoz Rojas)




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