2 de agosto de 2013

ESPIRAL DE EKMAN

Cuando abrió el grifo supe que era ella. Una feliz coincidencia después de lo nuestro en el hotel de Crillon en París. La espero en la bañera. Sólo lleva puestos los zapatos de piel de cocodrilo. Ya viene. Se introduce en mí lentamente. La recorro con suavidad, moviéndome en ondas de placer. Su húmeda pulpa sabe ácida y dulce como una manzana y destila un toque picante a pimienta de Guinea. Puro fuego que no consigo apagar. Es un animal acuático. Un albur, retozando en mí, en este angosto mar que soy ahora.

Cuando tira del tapón me abismo en una espiral que me atrapa hacia otra latitud, otro lugar. Donde esperaré impaciente que nuestros ríos o caminos se crucen de nuevo.


                                                                                                     

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